El silencio de Laocoonte a través de la voz de Lessing
Lessing y los fundamentos de la estética moderna
Tal y como se ha comentado en artículos anteriores, Gotthold Ephraim Lessing, nacido en 1729, fue una de las figuras más importantes en el desarrollo de la Ilustración alemana, así como en el desarrollo de la crítica de arte y la literatura. Esto se debe a que Lessing expuso los principios del arte dramático, creó admirables modelos de este género y mejoró la prosa alemana.
Ver artículo: La verdad relativa de Lessing

Se podría decir que hay dos clases de hombre en Lessing. Por una parte encontramos al escritor filosófico y religioso, escritor de obras como Nathan der Weise, en cuyo estilo resplandece la pureza y la originalidad. Por otra parte, encontramos un crítico estético, escritor de obras como el Laocoonte que ejerce una labor meritoria a través de una erudición clásica. Sin embargo, de todos los escritos de este significativo autor, el que mayor influencia ejerció en la entonces naciente generación de escritores alemanes (tales como Goethe, Herder o Schiller) fue el Laocoonte.
Contexto cultural y filosófico del Laocoonte
En un momento en que la reflexión estética pasa a un nuevo plano filosófico y en el que el legado clásico se ve revalorizado, las artes comienzan a ser comprendidas no solo como manifestaciones de belleza, sino también como vehículos del conocimiento y la moral humanas. La Europa del siglo XVIII mostró un renovado interés por la cultura grecorromana estimulado por el auge del neoclasicismo.

Una de las obras más revalorizadas fue el conocido grupo escultórico de Laocoonte y sus hijos, hallado en Roma en 1506 y atribuido al escultor Agesandro de Rodas. En ella se representa el sacerdote troyano Laocoonte y a sus dos hijos en los momentos previos a la muerte que están a punto de sufrir como víctimas de la mordedura de dos serpientes venenosas que aparecen al rededor de todo el grupo. Según la leyenda, esta muerte es el castigo impuesto al sacerdote por no haber compartido el entusiasmo de los troyanos ante el simulado levantamiento del sitio por parte de los griegos, así como por haber desconfiado del conocido caballo de madera.
Este grupo escultórico adquirió el rango de «paradigma estético» gracias a pensadores como Johann Joachim Winckelmann, quien la consideraba una de las más altas expresiones del ideal griego de belleza.
La noble sencillez y serena grandeza (edle Einfalt und stille Größe) de la escultura expresaban no solo un canon artístico, sino una actitud moral1.

Este ideal se convirtió, irremediablemente, en una referencia obligada para los debates acerca de la función de las artes y los límites de la representación.
Lessing, aunque profundamente influido por Winckelmann en otros aspectos, se distancia de él al cuestionar la interpretación estrictamente visual del arte antiguo y proponiendo una distinción entre los lenguajes artísticos y sus medios expresivos.
Ideas principales del Laocoonte
El Laocoonte o sobre los límites de la pintura y la poesía (1766) constituye un texto fundacional de la estética moderna. En él, Gotthold Ephraim Lessing no se limita a comentar una obra de arte antigua, sino que propone una teoría general sobre los medios expresivos del arte y su relación con la percepción humana. Frente a la tradición que equiparaba la poesía con la pintura —sintetizada en la famosa fórmula horaciana ut pictura poesis—, Lessing introduce una distinción fundamental entre las artes del espacio y las del tiempo, a partir de la cual reconstruye los principios de la representación artística.
1. Artes del espacio y artes del tiempo: medios específicos y efectos distintos
Uno de los ejes fundamentales del Laocoonte es la delimitación entre las artes visuales (como la pintura y la escultura) y las artes literarias o temporales (como la poesía y la narrativa). Para Lessing, cada arte posee un medio específico que condiciona tanto sus temas como su forma de representación. En sus palabras:
Si la pintura emplea figuras y colores en el espacio, la poesía emplea palabras en el tiempo. Una debe presentar objetos coexistentes; la otra, objetos sucesivos2
Esta distinción implica que la pintura y la escultura son artes de la simultaneidad, es decir, representan un instante detenido, cuerpos en una disposición espacial. En cambio, la poesía y la literatura narran acciones que se desarrollan progresivamente, en el tiempo. A partir de esta diferencia, Lessing argumenta que no se puede exigir a una poesía que imite a una pintura, ni a una escultura que represente una narración en toda su extensión. Cada arte debe ceñirse a su naturaleza para alcanzar su máxima eficacia expresiva.
2. El silencio del Laocoonte: dolor contenido y armonía visual
El caso del grupo escultórico del Laocoonte sirve a Lessing como punto de partida para ilustrar su teoría. La escultura representa el momento culminante del mito en el que el sacerdote es castigado. Sin embargo, a pesar de la violencia del castigo al que es sometido, el rostro de Laocoonte no emite un grito desgarrador.

Lessing se pregunta por qué el escultor ha omitido el alarido que sin duda acompañaría tal escena de sufrimiento, y ofrece una respuesta doble: por un lado, el grito distorsionaría los rasgos del rostro, rompiendo con el ideal de belleza armónica; por otro, el momento del grito, siendo transitorio y extremo, no podría sostenerse estéticamente en una obra que debe perdurar en el tiempo.
El dolor más terrible, expresado por un rostro hermoso, debe moderarse para no degenerar en fealdad; por eso, el escultor no muestra el grito, sino el suspiro3
Este análisis revela una tensión fundamental entre la intensidad emocional y la belleza formal en el arte clásico. El escultor, en este caso, ha optado por sacrificar la veracidad inmediata del dolor en favor de la contención, la mesura y la nobleza del gesto. En esta elección, según Lessing, se revela no solo un criterio estético, sino también una ética del arte: la representación del sufrimiento no debe exceder ciertos límites para no resultar vulgar o repulsiva.
3. Contención emocional y el ideal de belleza griega
La interpretación de Lessing está profundamente influida por el pensamiento de Johann Joachim Winckelmann, quien había exaltado la serenidad del arte griego como expresión de una grandeza interior. Sin embargo, Lessing reformula esta serenidad no como expresión de indiferencia, sino como producto de una elección consciente del artista. La belleza ideal, según Lessing, no es natural ni espontánea, sino el resultado de una moderación deliberada de la expresión emocional.
Así, la escultura del Laocoonte representa el dolor humano llevado al límite, pero transformado por la forma artística en una expresión noble y soportable. Esta contención se convierte, para Lessing, en un valor estético esencial: el arte no debe representar la realidad cruda, sino sublimarla. En este punto, su pensamiento se distancia tanto del naturalismo como del pathos barroco, apostando por una estética de la mesura, propia de la Ilustración.
4. Imaginación del lector vs. percepción del espectador
Finalmente, Lessing aborda la diferencia entre los efectos que producen la escultura y la poesía sobre el receptor. La escultura, al ofrecer un solo instante, debe condensar en él toda la emoción, sin desbordarse. La poesía, en cambio, puede desarrollar una acción en el tiempo, describiendo emociones sucesivas y permitiendo que el lector las reconstruya con la imaginación.
La poesía deja más a la imaginación, y por eso puede ser más osada. La escultura muestra todo de una vez, y debe ser más contenida4
Esta idea subraya que la literatura puede evocar imágenes mentales más complejas y dinámicas, mientras que la escultura está limitada a lo visible y simultáneo. Así, la poesía puede sugerir un grito sin mostrarlo, mientras que la escultura, si lo representara, lo haría permanente y, por tanto, disonante. Esta diferencia determina el modo en que cada arte representa el sufrimiento, la emoción o el movimiento.
Relevancia e impacto del Laocoonte de Lessing
Las ideas de Lessing provocaron una intensa recepción entre sus contemporáneos y las generaciones siguientes. Herder, aunque influido por el Laocoonte, criticó la rigidez de sus distinciones, abogando por una experiencia artística más integrada y sensorial, que recuperara la corporalidad del lenguaje. Goethe, por su parte, elogió la claridad del análisis de Lessing de la siguiente manera:
Esta obra fue un rayo de luz que el profundo pensador proyecto sobre opacas nubes, que fueron arrebatadas de la región penosa de las investigaciones al campo libre del pensamiento. El principio de los dos artes que desde tiempo atrás había sido mal entendido, «ut pictura poiesis», fue refutado para siempre, ya fue clara la diferencia entre la Plástica y la Retórica. Las cimas de una y otra se presentan ahora separadas, no obstante que sus bases permanecen estrechamente unidas (…). Ante este pensamiento sublime todas las consecuencias aparecen como iluminadas por un relámpago, y la crítica sentenciosa y magistral que le precedió, se vio rechazada como quien echa un vestido ya raído5
A pesar de estas objeciones, la influencia de Lessing fue determinante en la configuración de la estética idealista alemana, incluso en su superación. El propio Hegel, al desarrollar su teoría del arte como manifestación del espíritu, conserva la distinción entre artes del espacio y del tiempo, aunque la subsume dentro de un marco dialéctico más amplio6.
Incluso a día de hoy se puede afirmar que el cisma marcado por Lessing establece una conexión con los autores contemporáneos que reflexionan acerca de los límites de los medios artísticos (tales como el cine, la música o, en la misma línea de Lessing, la pintura y la literatura).
- Winckelmann, J. J. (2003). Reflexiones sobre la imitación del arte griego en la pintura y la escultura. Ed. Visor. ↩︎
- Lessing, G. E. (2007). Laocoonte o sobre los límites de la pintura y la poesía. Ed. Helena Cortés. Cátedra (p. 31). ↩︎
- Lessing, G. E. (2007). Laocoonte o sobre los límites de la pintura y la poesía. Ed. Helena Cortés. Cátedra (p. 47). ↩︎
- Lessing, G. E. (2007). Laocoonte o sobre los límites de la pintura y la poesía. Ed. Helena Cortés. Cátedra (p. 67). ↩︎
- von Goethe, J.W. (1999). Poesía y verdad. Traducción de Rosa Sala. Ed. Alba (p. 477) ↩︎
- Hegel, G. W. F. (1977). Estética I: El concepto de arte y la belleza. Traducción de R. Rovira. Cátedra.
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