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Fragmento 2 en la revista Athenaeum – Novalis

¿Debe regresar siempre la mañana? ¿Nunca llega el fin de la violencia terrenal? La desalmada actividad consume la celestial llegada de la noche. ¿Jamás arderá eternamente la ofrenda secreta del amor? A la luz del día se le ha asignado su tiempo; pero el dominio de la noche se mantiene sin tiempo ni espacio. El reino del sueño sigue siendo eterno. Sueño celestial: ¡deleita a los consagrados a la noche en este obrar terrenal del día! Solo los necios te niegan, pues no conocen otro sueño que la sombra que compasivamente arrojas sobre nosotros en ese crepúsculo de la verdadera noche. No son capaces de sentirte en el torrente dorado de las vides – ni en el milagroso óleo del almendro, ni en la savia oscura de la amapola. No saben que tú eres quien abraza el pecho de la tierna doncella y quien eleva su seno al cielo – no sospechan que, desde tiempos remotos, tú abres el cielo y traes contigo la llave de las moradas a los bienaventurados, silencioso mensajero de los secretos infinitos. 

Traducción de Mireia Montealegre